LAS MUJERES SABIAS, extraordinaria y memorable versión
La penúltima comedia de Molière, en la creativa y original puesta en escena de Willy Landin, marca un hito en las producciones del San Martín.
Elenco: Gimena Riestra, Verónica Pelaccini, Sebastián Suñé, Rita Terranova, Tony Lestingi, Luis Campos, María Luz Morteo, Graciela Araujo, Pacha Rosso y otros. Dirección musical: Ricardo Pereyra Coreografía: Miguel Angel Elías Vestuario: Nidia Ponce Iluminación: Miguel Morales y Willy Landin Versión, escenografía y dirección: Willy Landin
Imágenes en Galería (1)
[Click sobre la Imagen para ver Galería]
A manera de prólogo y antes de la apertura
del telón, un contratenor canta las recomendaciones al público -apagar los
celulares, no fumar, etc.- acompañado por un trío compuesto por violín, cello y
clave. Desde ese mismo instante se percibe que esta puesta en escena será
diferente y el talentoso Willy Landin nos deleitará con su propia y
remixada visión de estas "sabias" mujeres de Molière.
La música de Jean-Baptiste Lully
predispondrá con sus acordes a la aparición de los personajes, para seguir con
Haendel, Vivaldi o Kreisler, pasando por la profunda y sensible "Meditación" de
Thaïs, de Jules Massenet o la locura del aria "Sempre libera" de La
Traviata, de Verdi. También sabrá intercalarse Locomía, en este gran
disparate que ha creado el regisseur Landin, donde los certeros tiros de
un cazador de patos serán marcados a la manera de un videogame, o donde
se hará referencia a la intangibilidad de los depósitos, ironizando la realidad
de nuestro país y aclarando que “a los que depositaron Luises, se les
devolverán Luises…”.
La puesta en escena es absolutamente
colosal y magnífica. No se han escatimado recursos originales, estéticos ni
técnicos. Cuesta creer que nuestro Teatro San Martín esté ofreciendo un
espectáculo no sólo comparable sino superior a cualesquiera de las puestas que
se hayan hecho en otros rincones del mundo. Desde el comienzo se asemeja a una
ópera, probablemente el más complejo de los géneros para poner en escena. No es
casual que Willy Landin haya egresado del Instituto Superior del Teatro Colón.
Él mismo tradujo y adaptó la obra tomando en cuenta el texto original francés,
respetando la filosofía y la ironía del mismísimo autor quien se burlaba sin
ambages de las almidonadas costumbres y ridículas convenciones de su tiempo. La
hipocresía, la mediocridad y la falsedad de ciertos llamados “intelectuales” o
“cultos” y quienes forman su séquito son el blanco permanente de Molière que los
hace aparecer -con inteligente humor- como idiotas frívolos e ignorantes. Temas
que no han cambiado ni cambiarán pues son inherentes al ser humano – la
ambición, el poder, las envidias, los celos- están presentes también para
reflexión y deleite.
El vestuario de Nidia Ponce es
increíblemente llamativo no sólo por su diseño sino por su realización. La
iluminación de Miguel Morales y el mismo director es estéticamente
precisa y generadora de los climas necesarios para interpretar la historia. La
coreografía pergeñada por el perspicaz bailarín y coreógrafo Miguel Ángel
Elías es atrayente y creativa, acorde a cada momento representado.
Un elenco bien dirigido nos presenta el
mundo de estas mujeres yendo del siglo XVII al XXI sin solución de continuidad.
El desfile observado por las cortesanas no tiene parangón. Es una entrada
franca al puente entre dos épocas, entre dos civilizaciones, entre dos estilos,
entre la vanguardia y el clasicismo, también una demostración de que nada ha
cambiado nunca o –recordando a Lampedusa- todo lo que ha cambiado ha permanecido
en su lugar. Graciela Araujo compone una sobresaliente madre de la
burguesa familia, llevando a su personaje a la más increíble y ridícula
cursilería. También se mete en esa piel de necedad la dúctil Rita
Terranova, consustanciada con la idiotez del personaje, que recrea con
notable lascivia. Tony Lestingi es admirable en sus dos roles y denota su
capacidad histriónica pasando de uno a otro cómoda y divertidamente, sobre todo
cuando personifica al empalagoso zalamero de turno.
Un capítulo aparte merece Gimena Riestra, la hija
de tan ostentosa señora, llegando a un punto de banalidad y falsa apariencia que
compone con un histrionismo superlativo. El crecimiento actoral de Riestra se
evidencia como nunca, aportando elocuencia gestual y un tono en su voz y en su
dicción que logra transmitir el desencanto y la desazón en esta vida en la cual
el dinero no puede reemplazar lo que le falta. Estupenda, Gimena desgrana hacia
el final el emotivo Mon coeur est un violon, de Lucienne Boyer,
estremeciendo al público. Martin Wullich
Se dió hasta el 14 de diciembre de 2008 en Teatro Presidente Alvear. Estrenó en el San Martín Av. Corrientes 1659 0800-333-5254 www.teatrosanmartin.com.ar